Uso del pronóstico en la toma de decisiones
Horizonte útil, incertidumbre creciente, diferencia entre pronóstico puntual y regional, y criterios para apoyarse en la climatología.
Lo que aprenderá
- Reconocer la disminución de la confianza en un pronóstico con el horizonte
- Distinguir lo que indica un pronóstico para una zona de lo que ocurre en un lote
- Establecer cuándo apoyarse en el pronóstico y cuándo en la climatología
El uso de un pronóstico en una decisión de campo exige considerar su horizonte, su escala espacial, las alternativas disponibles y el costo de equivocarse.
El horizonte útil
El horizonte es el tiempo hacia adelante que cubre el pronóstico. Cerca del presente la incertidumbre es pequeña y el pronóstico aporta mucho; a medida que el horizonte crece, la dispersión entre los futuros posibles aumenta y el valor del pronóstico decae.
Pueden distinguirse tres tramos generales. En el corto, el pronóstico señala con bastante detalle cuándo y cuánto llueve. En el medio, indica tendencias, como un período más lluvioso o más seco, con menor precisión de día y hora. En el largo, la habilidad frente a la climatología es muy pequeña o desaparece.
El punto en que comienza cada tramo depende de la variable, la región y la época, y cambia con el tiempo. La lluvia pierde utilidad antes que la temperatura, por las razones expuestas en la lección sobre modelos: es un fenómeno local e intermitente, sensible a procesos que la grilla no resuelve.
Animación en cuatro pasos. Una gráfica de una variable del clima muestra lo observado hasta hoy en línea continua y el pronóstico en línea punteada, con una banda que se abre con los días: la incertidumbre es menor en el corto plazo y mayor en el largo. Cada día que llega, lo observado reemplaza a lo pronosticado y el pronóstico se renueva. En el último paso, vista desde arriba, la probabilidad de lluvia cubre toda la celda del pronóstico, pero el aguacero moja solo una parte.
Pronóstico puntual y pronóstico regional
Un modelo entrega un valor por celda, representativo del área que ocupa la celda. Aunque un servicio lo interpole o lo ajuste a una coordenada, la información de fondo sigue siendo la de un área. Si la celda abarca varias fincas, todas reciben una cifra casi idéntica, aunque la lluvia real no se reparta de igual manera entre ellas.
De ello se siguen dos consecuencias. La probabilidad de lluvia para la zona no equivale a la probabilidad para un lote determinado, ya que el aguacero puede cruzar la celda por otro lado. Además, un pluviómetro propio y el pronóstico de la celda pueden discrepar sin contradicción, porque el primero mide un punto y el segundo resume un área. Con el tiempo, la comparación del pronóstico con las mediciones propias permite establecer en qué medida refleja lo que ocurre en el lote.
Uso de la climatología
La climatología describe lo que suele ocurrir en una época: cuánta lluvia cae, cuántos días llueve y cuánta variación existe de un año a otro. A horizontes largos, cuando el pronóstico apenas supera a la climatología, es más apropiado planificar con ella, por ejemplo al programar la siembra o las labores de mayor envergadura, o al prever la época de más lluvia con base en la historia.
Las decisiones próximas se apoyan en el pronóstico, y las lejanas, en la climatología. Para estas últimas existen además perspectivas estacionales, que dan la probabilidad de que la temporada sea más lluviosa o más seca de lo normal, sin precisar fechas. La climatología sirve también de contexto, pues un pronóstico de lluvia fuerte tiene un significado distinto en la temporada seca que en la lluviosa.
Decisión bajo incertidumbre
Una decisión depende del pronóstico y también del costo de equivocarse. En el modelo clásico de costo y pérdida, conviene proteger cuando la probabilidad supera una razón igual al costo de proteger dividido entre la pérdida que se evita. Si proteger cuesta poco frente a lo que podría perderse, esa razón es baja y es aconsejable actuar incluso con probabilidades bajas; si la acción es costosa y el daño pequeño, conviene esperar probabilidades altas.
Rara vez basta un solo número. Conviene considerar de forma conjunta el valor central, la amplitud de la incertidumbre y el historial de acierto de la fuente para la zona; cuando este se desconoce, puede construirse registrando las observaciones propias.